Me autopercibo como artista visual que realiza un insondable trabajo introspectivo a través de la pintura y la arcilla. Disfruto hundir mis dedos en el barro, pinturas, pinceles, esponjas y espátulas para jugar con las formas y colores, utilizando una amplia variedad de técnicas y procedimientos. Es una búsqueda de texturas que evocan el agua, la tierra y el fuego, la naturaleza humana, que funcionan y se entienden las piezas de cerámica, la pintura, los cuadros y otros elementos que juntos componen una obra única e irrepetible.
Veo mi poética como una potencia para depositar mi reflexión sobre la relación humano-naturaleza, entendiendo este vínculo como un todo inseparable, donde cada uno es un eslabón que condiciona y define el siguiente, donde cada hecho condiciona y modifica y transforma también al resto.
Es mi obra una invitación a pensar el Universo como una totalidad, donde cada acción humana debe ser de cuidado y protección.
Esta construcción a través del arte me permite plasmar preguntas existenciales sobre posibles opuestos, tensiones y supuestas contradicciones de la vida; bordeando los conceptos de la vulnerabilidad humana y de causas medioambientales. Decido trabajar la tierra porque creo que es la materia prima de la vida misma, esa unidad de origen y a la vez de fin.